Artículo para ASOPAF The Columbus School

“Ya sabemos que los hijos llegan sin manual de instrucciones, y desearíamos desarrollar uno que funcione -al menos para los nuestros-. Si aún no somos del “combo” de padres que lo ha dejado plasmado en papel, como documento de familia, con absoluta seguridad seremos del equipo que lo ha puesto en palabras, en conversaciones, reuniones familiares y llamadas al orden…o cuando damos cantaleta. “

Somos padres de una generación virtual. Aunque tenemos normas de uso de los aparatos electrónicos, vemos como cada día nuestros hijos los dominan más, y nos hemos unido a ellos. Incluso aprendimos a darles instrucciones, regaños, sorpresas y manifestaciones de amor, a través del chat. Los seguimos en redes sociales, comentamos sus fotos, damos “Like”, y logramos conocer su universo fuera de casa -o la realidad que publican-.

Escribimos más en teclados y menos en papel, hablamos menos frente a frente y ya casi no llamamos por teléfono. Sin embargo, hoy “nos enteramos más” (o eso creemos), porque vemos más fotos, creamos más etiquetas “Hashtags” y usamos más emoticones para decir cómo nos sentimos, incluso para aprobar o desaprobar (como nos afecta ese “muñequito”). Los más osados desempolvamos el lenguaje antiguo y escribimos comentarios.

Padres e hijos, leemos y contestamos chats y posts de manera súper rápida. ¿Alcanzamos a revisar nuestras palabras antes qué el ágil pulgar pulse enviar? Y no me refiero a la ortografía o gramática (Que es importante y está en decadencia), sino a saber en consciencia si le damos valor a la palabra que expresamos. Esa con la cual prometemos, proponemos, aceptamos, negamos, rechazamos y participamos de múltiples maneras, a través de redes sociales. La pregunta es: ¿HONRAMOS NUESTRA PALABRA?

La virtualidad es una herramienta maravillosa que nos ha generado comodidad e incomodidad, cercanía y distancia, dependencia e independencia, y muchas más situaciones que seguirán evolucionando. Lo más impactante es que interactuar detrás de una pantalla, ha facilitado dejar de honrar nuestra palabra. Es más fácil escondernos y dejar opiniones, comentarios, propuestas o acuerdos olvidados. Si tenemos hijos que nacieron en las dos últimas décadas, ésta es la realidad que viven en la virtualidad.

Honrar la palabra era innato cuando las comunidades eran pequeñas y cercanas. La palabra era sagrada, no había necesidad de escribirla en papel para darle valor o exigir cumplimiento. Cada hombre o mujer respetaba su palabra, era su carta de presentación, su aval. Las comunidades crecieron, ya no todos se conocían, la cercanía se tornó escasa y la palabra perdió valor. Vinieron los contratos, formas y que necesitáramos testigos para dar crédito a nuestra palabra, a nosotros mismos.  Hoy nuestras comunidades son gigantescas gracias a la virtualidad. Tenemos amigos, colegas, compañeros de trabajo, conocidos y seguidores en múltiples lugares; hay un indicador numérico que muestra cuántas personas hemos alcanzado con un clic. Soportamos todo lo que hacemos con correos electrónicos, chats, notas de voz, posts y fotos. Si llegamos a generar malentendidos estos son de tamaño “monumental” y además pueden volverse “virales”.

¿Crees qué vale la pena volver a honrar nuestra palabra, y enseñarles a nuestros hijos a honrar la propia?

No podemos evitar esta interacción virtual, mucho menos impedir que nuestros hijos -que nacieron en esta generación- se aíslen, pero sí podemos enseñar, reforzar y acompañarlos a honrar su palabra; hoy reducida a abreviaturas en distintos idiomas, emoticones, fotos, y hashtags, entre otros.  Para nosotros como padres, es aprender un nuevo lenguaje sin protocolo académico.

Ahora si deseas enseñar a honrar la palabra, lo primero es ser coherente con la enseñanza (Creo que no hace falta ampliar esto, ¿o sí?) y muy hábil para buscar, no uno, sino muchos momentos de acercamiento con AMOR Y DIVERSIÓN a las palabras de tú hijo. Aquí les dejo algunos tips:

  1. Escucha y Lee con atención. (No intérpretes, no te adelantes a contestar. Solo pon atención a las palabras que usa, las canciones que grita a viva voz, las emociones que manifiesta, las conexiones que hace, el hashtag que le hace gracia, el emoticón que más utiliza, a quién sigue en redes y su expresión de la semana.)
  2. Preguntar es otro lenguaje, ¿recuerdas?

Así que, pregúntale usando sus mismas palabras. (En Coaching se llama Parafrasear)

  • Valida sus palabras y las tuyas. El significado y poder, que tienen las palabras para cada uno.
  • Evita Generalizar. Siempre, nunca, cada vez. Estas expresiones provocan rechazo.
  • Acuerden conjuntamente. Llegar a un acuerdo en las palabras que ambos usan, lo que significan y cómo le impactan a cada uno.
  • Honrar la palabra. Hacer consciencia que somos nuestra palabra, que esta manifiesta nuestra elección, y por tanto es creadora de realidad y tiene el valor que le damos.

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¡VOLVAMOS VIRAL EL HONRAR LA PALABRA!