Recuerdo las asignaturas tradicionales del colegio:  Matemáticas, cálculos, algebra, español, inglés, ética -que tenía cara de religión- y otras con nombres menos convencionales que pretendían enseñarme a coser, tejer, bordar ó alguna habilidad manual en las que me destaqué por mi torpeza. Mis recuerdos son claros y nunca tuve una asignatura que me invitara a conocerme, a trabajar en mi y reconocerme seguramente porque se creía que no era necesario.  Mi primer acercamiento con el Autoconocimiento vino en la universidad con los famosos DOFA personales, pero no pase de listar palabras en cada cuadrante, en general no venimos de una cultura que estimule “auto conocernos”, así que me fui por la línea conocida yo solo debía seguir los parámetros “adecuados de la sociedad”, si los lograba el éxito estaría asegurado.

Fui buena estudiante; es decir, seguí las líneas trazadas y obtuve el resultado esperado. Todo iba de acuerdo con el plan, después de vivir lo que había definido en mi lista de éxitos, elegí ser mamá y fue entonces cuando empecé a cuestionar el plan, ese fue mi detonador inicial y la primera vez que cuestioné mi vida. ¿Mi hija debía seguir esas mismas líneas?, en verdad fue molesto sentir dualidad, si todo estaba perfecto yo no debía tener tantas inquietudes. Algo en mi ya no quería adaptarse, ya no estaba de acuerdo con todo, comencé a sentir que mi adaptación era mecánica, había hecho lo que se esperaba de mi, tenia una vida “demasiado perfecta” pero ya no sabia para quién, así que cuando comencé a salirme del esquema me cuestionaron severamente por querer algo distinto, por no seguir el plan.

El ser mamá me cuestionó sobre el camino que ya había recorrido, pero no fue suficiente para gestionar cambios, mi rebeldía duro poco. Como tú, yo dije que algo no estaba bien, hice un poco de ruido y con todas mis buenas intenciones y preguntas me volví a acomodar en mi zona de confort ¿Te suena conocido? ¿Saber que debes cambiar, pero no tener idea de cómo?  Así que dos años después la vida me ayudó a tomar decisiones, al nacer mi segunda hija, la energía cósmica me empujó a emprender  el gran viaje de mi vida, cuya publicidad si la hubiese tenido, habría sido algo así: Estadía con todo incluido en parajes desconocidos y muy incómodos donde podrás  “conocerte y reconocerte”, con  reservaciones VIP  para que habites conscientemente tu cuerpo, mente y emociones, como souvenir de la experiencia el viaje te dejará un tatuaje tridimensional con la frase: “Soy responsable de todas mis elecciones”. A mi no me llegó la publicidad, solo me embarque, el viaje fue agitado, solo pensaba que hubiese preferido aprender de AUTOCONOCIMIENTO desde niña, en lugar de recitar las creencias de otros pude hablar de las mías. Posiblemente mi soberbia y estar encajada de manera perfecta en el modelo de la sociedad no me dejo ver las flechas que me señalaban con insistencia lo que era importante  aprender, no les hice caso,   así que me tomó varios años hacer el único viaje que no podía perderme, fui  testaruda no me fue suficiente con un empujón, yo necesité varios y con efecto dominó… Estuve  a punto de perder a una de mis hijas, renuncié a mi carrera profesional en el mejor momento y atravesé un divorcio que me dolió mucho, hoy agradezco el paquete que me permitió darme  cuenta que estaba reprobando, tenía la  asignatura perdida; no estaba perdiendo un nivel , me estaba perdiendo a mi. Me hubiese sido útil poner atención a la frase de William Shakespeare “De todos los conocimientos posibles, el más sabio y útil es conocerse a sí mismo”.

Agradezco mi historia, la veo sin drama, sin remordimiento, fue la medida justa que yo necesité para hacerme cargo de mi misma, para aprender a conocerme, hoy soy consciente que pude poner atención antes, como no lo hice mi dosis llego reforzada. Todas mis elecciones tenían una intención positiva que yo no veía porque ni siquiera era capaz de verme a mi misma. El autoconocimiento se volvió mi mejor recurso, conocerme me dio las herramientas necesarias para darle un nuevo giro a mi vida, para encontrarme y habitar todos mis espacios, reorganicé las piezas y elegí como quería seguir viviendo. Mi experiencia me ha permitido acompañar a otros en su viaje interior, enseñar a “esculcarse por dentro” y gestionar cambios se volvió mi misión. Sigo estudiando, observándome y reconociéndome, viví muchas décadas sin saber quien era, hoy tengo mayor idea de quien soy, pero sigo sorprendiéndome con lo que encuentro al remover mis capas, confieso que a veces repruebo y otras me eximo de la prueba.  El autoconocimiento es un camino infinito y muy gratificante, he abierto muchas puertas en este aprendizaje, te comparto las que me han hecho sentido para que emprendas el tuyo:

  • Todos los recursos están dentro de ti
  • Hay una intención positiva en cada situación que experimentas
  • Honra tu palabra
  • Piensa solo para resolver
  • Expresa tus emociones de forma consciente
  • Contempla tu silencio

Nunca es tarde para encontrar la asignatura perdida.

MARIA XIMENA BOLAÑOS